De Barahona a New York
By El Barahonero
viernes, 21 de octubre de 2011
20 comments
| Héctor Rafelín Cuello |
Llegamos a la parada de minibuses de Barahona y tuvimos que abandonar nuestros asientos para comprar el boleto de abordaje de dicho vehículo; en la fila se formaron varias discusiones porque la persona que vendía los boletos no tenía menudo para devolver. Compramos el boleto y regresamos a nuestro asiento, el cual ya estaba ocupado por otra persona, le dije al señor que ese asiento era el mío y él me respondió que cuánto me costó, para no discutir con él le pedí al chofer que interviniera, ya que el asiento estaba situado detrás del suyo y él vio que yo ocupaba ese lugar desde el Batey, el chofer le dijo a al hombre que ese asiento yo lo ocupé desde Villa Central y que por favor evitara discusión y me lo cediera, otros pasajeros también intervinieron a mi favor y el señor no tuvo más remedio que cedérmelo, no sin antes darle una pela de lengua a todos los que intervinieron y al final les dijo que todos eran unos lambones.
En la parada tuvimos unos treinta minutos. Entraron varios vendedores ha ofertar sus productos a los pasajeros: una señora vendiendo té y café, otra vendiendo uvas, un limpiabotas ofertando su trabajo dentro de la guagua, Etc. Llegó una familia de la zona costera con tres sacos con víveres y cítricos que pretendían meterlos dentro del autobús, ya que, alegaban en su último viaje los metieron en el maletero y le robaron la mitad de los productos. El cobrador se ofendió diciéndole al hombre de la familia si era a él que le estaban diciendo ladrón y el caballero le ripostó que lo cogiera como quisiera, pero que la verdad era que ellos, en su viaje anterior, le entregaron los sacos al cobrador de la guagua y se le perdieron un par de racimos de plátanos, medio saco de china, medio de toronja y como veinte libras de yuca, de una de Juan Esteban que le dicen agua tibia. Finalmente, como eran seis pasajeros, les permitieron meter los sacos en el pasillo del autobús.
Salimos de Barahona y el chofer de la guagua empezó a llamar por teléfono y recibir llamadas mientras manejaba, cosa muy peligrosa, pero que al único que parece le preocupó fue a mí, los demás pasajeros ni se dieron por enterados. Llegamos al cruce de Vicente Noble y allí los guardias nos detuvieron, uno de ellos subió al vehículo y le pidió a todos los hombre que se pusieran de pie, así lo hicimos, el militar nos miró a todos y le dio permiso al chofer para que siguiera su camino. Eso lo hacen con todos los autobuses de pasajeros y uno se pregunta: ¿Y cómo diablos será que pasan tantos hermanos haitianos y nadie se da cuenta?
Continuamos la travesía y el chofer siguió llamando y recibiendo llamadas. Las conversaciones iban desde que al chofer fulano la mujer le pegó cuernos, hasta que el cobrador de la guagua tal el dueño lo votó por mañoso, ahí todos nos miramos y le dimos la razón al hombre que alegaba le habían robado los víveres, el chofer ni cuenta se dio de lo que dijo y que le daba la razón a la familia de los sacos.
Llegamos a la parada, un lugar de venta de pollos fritos en Baní. El cobrador vociferó: -"Háganlo rápido que nos vamos enseguida"-. La gente bajó y regresaron rápidamente cargados con pica-pollos, plátanos salcochados con carne frita, salchichón frito con tostones Etc., y ríanse, los últimos que abordaron la guagua fueron el cobrador y el chofer. El dominicano es un ser especial. Lo primero es que no sé donde le cabe tanta grasa a tan tempranas horas, y siempre le ponen reglas a los demás, pero el primero que no cumple es el que las pone.
Luego que salimos de la parada el chofer me preguntó que si yo iba para el aeropuerto a lo que le contesté que sí, el me dijo que si yo quería el podía llamar un amigo de él que tenía un taxi para que me esperara antes de llegar a la parada para que me llevara al aeropuerto. Enseguida me dijo: -"no se preocupe que el taxista es barahonero y es un hombre serio, además el conoce a tu papá"- y me preguntó: -"¿Tú no eres hijo de Ñoño (El Cuellote)?"- Le dije que sí y me dijo que mi papá y el taxista eran buenos amigos. Le dije que estaba bien, que le avisara a su amigo para que me llevara.
Cuando pasamos la Máximo Gómez el chofer paró el autobús y me dijo: -"Mire al hombre suyo ahí donde está"-. Me bajé, el taxista me ayudó con la mochila, abordamos el taxi y enseguida tomó un elevado y nos dirigimos al aeropuerto. En el camino el hombre me habló de mi papá, que eran buenos amigos, que tomaban tragos en Barahona y que hasta algunos pleitos echaron en los cabareces. Ya llegando a Las Americas el hombre me dio una tarjeta con su nombre y número de teléfono, y me dijo: -"Cuando usted tenga que viajar de aquí para allá o de allá para acá llámame, que yo lo llevo con o sin dinero"-. Llegamos al aeropuerto, el taxista me echo una bendición y creo que gané un nuevo amigo.
Llegué temprano al aeropuerto, como es mi costumbre, me chequié, pasé a migración y de ahí al área de espera para abordar, ahí me enteré que el vuelo tenía una hora de retraso. Al rato abordamos el avión e inmediatamente se armó la primera discusión: Una azafata le dijo a un señor que cargaba con una tambora que eso no cabía en los compartimientos de la aeronave y el hombre le dijo que mejor se quedaba que tirar su tambora por la correa. El tamborero se quedó parado en medio del pasillo con su instrumento y se armó un tapón de pasajeros, quienes empezaron a protestar, cosa que obligó a la azafata ha tomar la tambora y meterla en un closet, el tamborero se sentó y la cosa se calmó.
Antes de despegar una pareja que iba sentada detrás de mí se enfrascan en una discusión en la que la mujer le decía al marido: -"De seguro que dejaste el aire acondicionao prendío"-. Le dice el hombre que llame a la trabajadora para que lo apague y la mujer dice lo siguiente: -"E' que esa muchacha e' ma' bruta que er diache, tu va ve"-. La mujer toma el teléfono y llama a su casa, le dice a la mucama: -"Josefa, ve a mi cuarto y apaga el aire"-, la trabajadora parece decirle que no sabe donde se apaga y la mujer tapa el micrófono del celular y le dice al marido: -"tu ve lo que te dije, esa e' una burra"- quita la mano del micrófono y vocifera -"muchacha tan burra, mejor coge y decornetalo, no me diga que tu no sabe decornetá un aire acondicionao"-. El avión despegó, tomó altura y el piloto anunció que teníamos un viento de cola y que llegaríamos a New York a la hora pautada, a pesar de la hora de retraso.
En pleno vuelo una señora se paró en frente de unas gavetas y las manipulaba, todos los que estábamos sentados en esa área nos quedamos sorprendidos y extrañados, una azafata se le acercó y le preguntó qué ella buscaba en esas gavetas y la señora le dijo: -"Adió vea, yo pensé que era el baño"-. Yo por poco me meo de la risa, pero a la vez me dio pena. Al poco rato un señor entra al baño, cuando sale llevaba una cola de papel de sanitario, el hombre parecía un capuchino de esos que se vuelan. El pasajero se fue a su asiento sin darse cuenta de la cola que llevaba. Todos se rieron menos él. El tiempo que duró el vuelo eso estuvo una señora mayor rezando el rosario en voz alta y si el avión se remeneaba un poco por la turbulencia así mismo le vibraba la voz a la Doña, cosa que se oía un tanto gracioso.
Aterrizamos en New York, en el aeropuerto Jhon F.. Kennedy, el piloto anunció que se mantuvieran sentados hasta que llegáramos a la terminal. No terminó de decir eso cuando ya la mayoría de los pasajeros estaban de pie cogiendo sus equipajes de mano, mientras el avión se dirigía hacia la terminal. Llegamos a la puerta de desembarque, empezamos a salir del avión, llegamos a migración, nos chequeamos, salimos al área de recibimiento y me extrañó que no había casi gente esperando a los pasajeros, ni tampoco estaban los dominicanos taxistas que colectaban cuatro y cinco pasajeros y los llevaban a sus destinos, cobrando una módica suma. Seguí el letrero que decía taxis, llegué a la caseta, una joven me preguntó que si necesitaba un taxi y hacia donde iba, dije que sí y le di la información de hacia donde me dirigía, ella me señaló al primero en la linea y me dio un recibo que decía cuanto costaba mi travesía. Abordé el vehículo que me llevó a una estación donde tomé un tren, en el mismo iban decenas de norteamericanos leyendo periódicos, otros oyendo música con sus audífonos y algunos hasta durmiendo. ¡Qué aburrido! Luego abordé un autobús y finalmente un taxi que me llevó al lugar donde estoy residiendo.
Ya llevo un par de semanas aquí y todavía la luz ni siquiera a parpadeado, el agua ni se diga, esta es un chorro que parece le va a hacer un hoyo a uno en la piel. De donde estoy caminaba una cuadra y tomaba un autobús que me llevaba del campo a la ciudad, como de Barahona a Cabral, por un dolar. Pero ya tengo un carrito para moverme y hacer mis labores. Quise contarles parte de este viaje porque me pareció interesante y gracioso. El relato es un poco largo, pero creo que vale la pena leerlo. Espero sea del agrado de todos ustedes.
¡¡¡LA VERDAD SIN INSULTOS!!!
(HRCV)
Previous Entries