Conmovedora y bella historia made in Barahona
By El Barahonero
domingo, 19 de febrero de 2012
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| Jhonny (hermano), Jhosben (sobrino) y Francis... |
Francis Suazo
-"Buen día señor Héctor. No he podido escribirle Sobre mi caso, necesito ayuda de alguien de Barahona".
Yo le respondí lo siguiente:
Hector Cuello
19 de diciembre de 2011
Hector Cuello
-"¡Hola! Tienes que decirme que clase de ayuda necesitas".
Él me escribió dándome la siguiente información:
Francis Suazo
19 de diciembre de 2011
Francis Suazo
-"Ok. Sucede que no conozco a mi padre biológico, solo sé que se llama Antonio y que vivía en la calle Duarte de Barahona, no recuerdo el número de la casa. Ya tengo 27 años y solo sé que trabajaba en un camión de Induveca cuando era esposo o novio de mi mamá hace unos 28 años. Ella me dio esa información hace varios meses".
Con esta información inicié una investigación para dar con el paradero del padre del joven, quien era obvio tenía una gran necesidad de conocer su progenitor.
Fui a las oficinas de Induveca y nadie me pudo informar de un Antonio que trabajó allí hace 28 años, ningún empleado de esa distribuidora tenía tanto tiempo trabajando en el lugar. Me sentí un poquito mal con esa noticia, pero rápidamente recuperé el ánimo y seguí investigando. Entretanto, el joven me seguía escribiendo y también me llamaba por teléfono. Le dije lo que había pasado con la visita a las oficinas de Induveca y él también se sintió un poco mal.
Mi próximo paso fue preguntar en diferentes áreas de la calle Duarte, pero la misma es muy larga y nadie parecía conocer a Antonio. Luego pasé a preguntar a algunos amigos mayores de edad que conocen mucha gente en Barahona. Algunos me preguntaban cuál era el apellido de Antonio, ya que por el nombre nada más era muy difícil identificar a alguien, pero yo no tenía el apellido.
Hace un par de semanas estaba yo en el supermercado Ana Isabel, del señor Gusub, y mientras compraba unos embutidos llegó una joven con una camisa que tenía un logo de Induveca, como guiado por una mano divina le pregunté si conocía a un Antonio que trabajó en esa compañía, ella me preguntó cuánto tiempo hacía de eso, le respondí que hacía 28 años más o menos, a lo que ella respondió que ella solo tenía 30 años. Una señora que también compraba y que escucho la conversación me pidió excusas para opinar sobre el tema y me preguntó:
-"¿Rafelín, ese Antonio trabajó en Induveca y vivía en la Duarte?"- A lo que respondí afirmativamente. Ella inmediatamente me dijo: -"Ese es Antonio Rámirez, hermano del Zurdo, Nestor y el difunto Mahoma"-. También me informó que esa familia vivía en la Duarte, un poco más abajo del parque de Villa Estela. Quique, un empleado del supermercado, también me dijo que lo conocía y que luego de trabajar en Induveca Antonio trabajó en ron Damajuana, a lo que la señora también asintió.
Inmediatamente tomé el teléfono y llamé al joven a Santo Domingo, le informé lo que había averiguado y él se puso muy nervioso y emocionado. Empezó a darme las gracias repetidamente y a decirme que no tenía como pagarme. Que él había estado en Barahona buscando su padre y que no tuvo ningún éxito. Le dije que se calmara y que no podíamos "cruzar el río antes de llegar a la orilla". Que tuviera calma y que esperará que yo contactara a su padre o por lo menos a la familia. Terminé la llamada telefónica para dirigirme a la casa de la supuesta familia de Francis.
Bajando por la calle Duarte, a nivel del parque de Villa Estela, divisé a lo lejos al Zurdo, a quien conozco desde hace muchos años, él estaba parado en una esquina. Me detuve a la derecha y lo llamé, él vino diligentemente y le informé que un joven me había escrito desde la capital, que decía ser hijo de su hermano Antonio. El Zurdo no dudo ni un segundo para decirme que era posible, ya que su hermano tenía unos 12 hijos. Él me pidió el número de teléfono de Francis para dárselo a su hermano cuando éste llamara de Puerto Rico, pues él tenía muchos años residiendo en la vecina isla.
Preferí llamar a Francis desde mi celular y lo puse a hablar con su supuesto tío. Cuando el Zurdo escuchó la voz del joven por poco se desmaya, ya que, según me dijo, Francis y Antonio hablaban idéntico, lo que son las cosas de la vida. Antes de despedirme del Zurdo le di el número de teléfono del joven. Le di las gracias y me retiré.
Pasó como una hora cuando recibí una llamada de Francis, quien me decía llorando que estaba junto a una de sus hermanas que vía en Santo Domingo (la capital), hija de Antonio, y que estaba hablando con otro hermano vía Internet. El joven muy emocionado me repetía que cómo me pagaba, que le dijera que yo quería que él me dé, a lo que respondí: -Mi hijo, yo hago eso todo el tiempo y sé que si te fuese a cobrar en dinero tú no tendrías con que pagarme, pero yo no cobro y ni siquiera las gracias te voy a aceptar. Dale las gracias a Dios que luego yo me entiendo con Él.- Nos despedimos, no sin antes el joven darme las gracias como treinta veces.
El fin de semana pasado estaba yo en los alrededores del Parque Central de Barahona cuando recibí una llamada de Francis, él me preguntó que dónde yo estaba y le dije que estaba en el Parque Central, frente a una heladería, me dijo que lo esperara ahí que él me iba a buscar. Pasaron como diez minutos cuando vi a un joven alto y con una bella sonrisa dibujada en su rostro que venía hacia mí, enseguida reconocí a Francis, quien me abrasó efusivamente y me dio las gracias repetidamente, y me repitió aquella frase: -"Héctor, nunca tendré con que pagarle".- A lo que respondí que le diera las gracias a Dios y que ayudara a alguien que se encontrara en su camino, que con eso me pagaría a mí y a Dios.
Francis llamó a un joven y un niño que andaban con él y me los presentó como su hermano y su sobrino. Él me dijo: -"Mire lo que es la vida, hace unos días no tenía hermanos ni sobrinos, ni conocía quien era mi padre y hoy, gracias a usted, ya tengo muchos hermanos, varios sobrinos y hablo con mi padre dos y tres veces al día. Mi papá ya está preparando viaje para venir de Puerto Rico a conocerme. Nunca tendré con que pagarle Don Héctor".
Al día siguiente recibí una llamada desde Puerto Rico, era Antonio, el padre de Francis, quien me llamó para agradecerme lo que había hecho por él y por su hijo, a lo que le di la misma respuesta que había dado a Francis: -Antonio, usted no tiene nada que agradecerme, solo dele gracias a Dios por usarme de esta bendita manera-. Él me dio su número de teléfono y me dijo que cualquier cosa que yo necesitara lo llamara, le agradecí el gesto y le dije que no necesitaba nada, que a mí todo me lo proveía el Todopoderoso.
Les cuento esta historia para que ustedes vean como uno le sirve a su pueblo desde diferentes frentes y de diferentes formas. la satisfacción más grande para mí es cuando pongo la cabeza en mi almohada al final de día y me quedo dormido como un angelito, con la satisfacción del deber cumplido y sabiendo que vivimos para servir y no para servirnos de los demás. ¡Qué bueno es vivir así Padre Amado! ¡Gracias por bendecirme con esta maravillosa vida que llevo! ¡Nadie vive mejor que yo! ¡Viva Dios! ¡Viva Barahona!
¡¡¡LA VERDAD SIN INSULTOS!!!
(HRCV)



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