By El Barahonero
sábado, 21 de julio de 2012
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Esta fotografía muestra el bello y tranquilo lugar donde me estoy quedando en Puerto Rico. Miren a lo lejos como las nubes parecen jugar con las montañas y el verdor del lugar es algo increíble. Lo mejor de todo es que uno viven en las lomas y a cinco minutos están los centros comerciales y los pueblos, en donde hay de todo, es como tener lo mejor de dos mundos. Creo que por eso es que a este lugar se le conoce como: "La Isla del Encanta". ¡Qué bien!
¡¡¡LA VERDAD SIN INSULTOS!!!
(HRCV)
By El Barahonero
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| Héctor Rafelín Cuello... |
Era una calurosa mañana de verano, en mi pueblo natal, Barahona, un grupo de jóvenes del barrio estábamos reunidos en una esquina planeando que hacer para refrescarnos y marotear algunas frutas que calmaran nuestra sed y apetito, el cual, para esos tiempos, era voraz.
Uno de los compañeros sugirió que fuéramos donde Blanquén, un señor mayor y cojo que cuidaba una finca de cocos y otros frutos, la cual quedaba al lado del matadero municipal de Barahona, en el camino hacia Saladillas. Todos estuvimos de acuerdo, otro amigo dijo que después de marotear donde Blanquén podíamos seguir hacia la playa de Saladillas para darnos un buen baño y así "matábamos dos pájaros de un tiro".
Tomamos la ruta más cerca para llegar a Río Sito: bajamos por la calle Carreras, doblamos la Santiago Peguero y luego doblamos a la izquierda en la Matos Falé, hasta llegar al Malecón. Seguimos por el Malecón hasta entrar a la playa Palito Seco, al lado del hotel Guarocuya, y seguimos por la orilla de la playa hasta llegar a los linderos de la propiedad que cuidaba Don Blanquén.
Desde la cerca de palos y alambres de púa observamos para ver si podíamos devisar al cuidador fiel de la propiedad que ese día sería nuestro blanco, no lo vimos por parte y procedimos a brincar la cerca. Ya del otro lado un par de los muchachos empezaron a subirse en las matas de coco que estaban repletas del fruto. Cuando de la nada apareció Blanquén como a unos cincuenta pies de distancia, con un machete bien afilado en una mano y nos gritó: -"Miren buenos gavilleros, deténganse ahí que los voy a picar en pedacitos".
Todos salimos corriendo y brincamos la cerca, menos uno, José, éste nos gritó: -"Muchachos, no huyan, no sean cobardes, que estos cocos son del proletariado"-. Dudamos un poco, pero como ya estábamos del otro lado de la cerca, fuera del alcance del cuidador fiel, nos detuvimos a mirar que pasaría entre Blanquén y nuestro amigo.
José se quedó parado y, exhibiendo una valentía que nos sorprendió a todos, nos vociferó con un tono usado en esos tiempos por los jóvenes comunistas: -"Ya les dije compañeros, no huyan, estos cocos son del proletariado"-. Blanquén se le fue acercando y cuando ya estaba a unos pasos de nuestro amigo levantó el machete y le dio por el pecho que todos pensamos que lo había partido en dos.
Gracias a Dios no fue así, Blanquén solo le había dado un soberano planazo que retumbo en todo aquello. Nuestro amigo se volteó y mientras brincaba la cerca ágilmente, gritó: Muchachos corran, que este viejo imperialista no come cuento ni cree en relajo. Ese día nos quedamos con hambre y sed, pero nos fuimos a Saladillas y nos dimos tremendo baño, mientras nos reíamos de lo sucedido. Al amigo José se le quedó el machete marcado en el pecho y un "roco roco" que le duró casi un mes.
Nota del editor: esta es una historia verdadera que ocurrió por los años setenta, cuando los jóvenes de la época nos divertíamos sanamente y sin hacerle daño a nadie. ¡Qué tiempos aquellos!
¡¡¡LA VERDAD SIN INSULTOS!!!
(HRCV)