| Héctor Rafelín Cuello... |
No hubo forma de evitar que Josefina, así se llamaba la joven, se metiera con el "concho"; la familia le dio innumerables pelas, la trancaron en su cuarto por semanas y meses, le rasparon el pelo, le escondieron la ropa y desde que la muchacha salía a la calle volvía a juntarse con su "tigre". Después de mucho batallar y de abusar de la joven la familia se dio por vencida, permitiendo que se viera con su novio.
Pasó el tiempo y la preciosa joven salió embarazada, como el motoconcho no tenía para mantenerla la joven se quedó viviendo en su casa y al poco tiempo el marido la siguió, lo que hizo que su padre y madre se separaran, ya que el padre decía que no había criado su hija para "dársela" a un delincuente, a un bueno para nada y que en su casa no vivía más hombre que él.
La muchacha parió un niño, pasaron los meses y la cosa se le ponía cada día más difícil; Napó no conseguía dinero y apenas tenían para mal comer y sostener al niño, lo que obligó a la belleza ha tomar la decisión de irse a vivir a Bávaro, una zona hotelera del Este de la República Dominicana. Allí, desde que llegó, impresionó con su belleza y consiguió trabajo inmediatamente.
La situación de la joven empezó a cambiar, ganaba un sueldo decente que le permitía mandarle dinero a la madre para mantener su hijo. Además los extranjeros se morían por salir con ella, lo que le proporcionaba un dinero extra. Un día conoció a un italiano con quien se sentía diferente, el hombre le llegó al corazón y más allá.
En esos días le tocó viajar a Barahona, lo que hacía cada tres y cuatro mese, cuando tenía unos días libres. Viajaba para ver al "tigre", a su madre y al pequeño hijo. Cuando regresó a Bávaro se dio cuenta que la menstruación no le llegaba y supo que estaba embarazada. Le escribió al italiano y le dio la noticia, el hombre se alegró y enseguida se hizo cargo de "su hijo" y empezó a enviarle dinero. Al mismo tiempo la joven le comunicó al "tigre" que estaba embarazada.
Ocho meses después la joven se fue a parir a su pueblo. Dio a luz a un precioso niño, el cual era blanquito y con los ojos claros, el "tigre" se puso "chivo", pero no dijo nada por aquello de: "A lo que nada nos cuesta hagamos fiesta". La muchacha se recuperó rápidamente, quedó mucho más bella que antes, y se fue de nuevo ha seguir trabajando, dejando el niño a la madre y al "tigre", quienes vivían juntos.
En el ir y venir la belleza criolla salió embarazada dos veces más, los parió en su pueblo y se los dejó a la madre y al "tigre". El italiano seguía enviándole dinero y se comunicaban por Internet y por teléfono. Un día el hombre vino al país y cuando vio a su doncella caribeña se volvió loco de amor, bueno ya no era ni tan doncella, él le pidió que lo llevara a conocer su hijo y la joven accedió.
Llegaron a Barahona y se hospedaron en un hotel. A la mañana siguiente la joven fue a su casa y regresó al hotel con el niño, el cual era precioso e igualito al padre, bueno, al italiano. El hombre se volvió loco cuando vio al niño, no dejaba de abrazarlo y besarlo. Ese día lo pasaron juntos los tres, fueron a la playa y tarde en la noche la joven llevó al niño a la casa de su madre para poder seguir con la parranda.
Al otro día estaban los tórtolos sentados en el Malecón, la joven estaba sentada en las piernas de su príncipe. De repente se apareció el "tigre", un chismoso le fue con el cuento de que su mujer estaba en el malecón con un "gringo", aquí todo el que es blanco y con los ojos claros le dicen gringo, el tipo estaba indignado he insultaba a la pareja en voz alta. Se reunió un grupo de gente que gozaban con el pleito, el italiano apenas entendía lo que pasaba y la joven no encontraba que hacer.
De repente se armó de valor y le dijo a Napó que el gringo era el padre de uno de sus hijos, éste hizo una escena, se tiró al piso y empezó a revolcarse, la gente gritaba y se reía. El hombre hizo como que se recuperaba, se paró y le dijo a la mujer que fueran a la casa para ver cual era el hijo del gringo. Así lo hicieron y los siguió la turba en carros, camionetas llenas, motores con tres y hasta cuatro pasajeros.
Cuando llegaron al barrio aquello parecía un mitin político. La joven, ya recuperada totalmente, llena de valor y decidida ha salir del lío, sacó a los cuatro niños a la acera e inmediatamente el italiano señaló a uno de los niños, diciendo: -"Éste es el mío"-.
A lo que el "tigre" reaccionó de mala manera, insultaba al gringo y vociferaba malas palabras al por mayor y detalle, decía sin parar que el extranjero era un abusador. La muchacha le dijo que se conformara y que aceptara los hechos, a lo que el respondió: -"Como diablos tú quieres que me conforme, si éste fatal me quita la mujer, ahora viene y dice que el muchachito más bonito es el hijo de él. Eso no es verdad, que coja uno de los otros, además, ése es el que yo más quiero".
La gente no pudo aguantar la risa al oír al "tigre" decir eso. Luego de un rato la cosa se calmó, la gente empezó a irse, el gringo mandó al "tigre" ha comprar unas cajas de cerveza y ron, cuando regresó le dijo que se quedara con el menudo. Éste se fue conformando con su "desgracia" y al rato bebían, comían y bailaban como si nada hubiera ocurrido. A los pocos días el italiano se casó con su mujer he inició los tramites para llevársela, le pidieron un poder a Napó para poder llevarse los otros niños y este gustoso aceptó, claro, por una módica suma.
Hoy la preciosa hembra vive en Italia con su príncipe y sus cuatro hijos. El "tigre" sigue "conchando" en la esquina del barrio, él sueña y cuenta que "su mujer" vendrá un día ha hacerle los papeles para llevárselo. Dice un dicho popular de nuestro país: "El que nace para toro del cielo le caen los cuernos".
Nota del editor: esta historia es verdadera, pero los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de los implicados.
¡¡¡LA VERDAD SIN INSULTOS!!!
(HRCV)



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