La venganza

By El Barahonero sábado, 18 de octubre de 2014 4 comments
La joven no era preciosa, aunque tenía sus encantos, a sus veinte primaveras lo tenía casi todo:  Un novio elegante y rico, tenía buen cuerpo, una cara agradable y era inteligente; se había graduado del bachillerato hacía unos tres años y estudiaba en la universidad local.  Todo iba bien para la joven, hasta que un día llegó una visita a la casa de su enamorado, una preciosa joven, más joven y bella que ella, llegó a pasar unos días en la ciudad desde un campo cercano.  Eso lo cambió todo y desde ese día las cosas fueron pasando de mal a peor.

Emiliano, el novio, ya no visitaba a Julita (la novia) como acostumbraba.  Antes lo hacía diariamente, luego fue bajando a cinco días a la semana, luego a cuatro, tres, dos, uno y al pasar los días ya casi ni se veían.  Esto hizo que la joven se volviera celosa, mal humorada y hasta violenta, esto hacía que el novio se alejara cada vez más.  Mientras tanto, en la casa del novio, todo iba de maravilla para Emiliano y su nueva enamorada.  Los padres de éste no querían saber de Julita, pero adoraban a Mariana, la nueva novia.

Las pocas veces que se veían Emiliano y Julita se les iba el tiempo en pleitos, la cosa estaba tan mal que hasta a los golpes terminaban.  Cuando el novio llegaba a su casa lo esperaba Mariana, que lo atendía como si ya estuvieran casados,  nunca le peleaba, nunca le reclamaba y hasta le curaba los arañazos que recibía de manos de Julita.  Eso hacía que el joven olvidara rápidamente su novia de varios años.  A Juita se le iba casi todo el día en llorar, no se levantaba de la cama y siempre estaba de mal humor.  Sus familiares estaban sumamente preocupados por ella.

La nueva novia era hermosa, elegante, fina, a pesar de ser oriunda del campo, tenía un cuerpo hermoso, era atlética, su cara y pelo parecían los de una virgen.  Mariana se apuntó en un instituto en la parte baja de Barahona, como ella vivía en la parte alta pasaba todas las tardes por la puerta de la casa de Julita, a quien le cayó eso muy mal.  Pensaba que la muchacha pasaba por la puerta de su casa para "echarle vainas".  Se sumió en una profunda depresión, dejó de comer, perdió peso, su cuerpo y cara parecían más los de un cadáver, que de un ser vivo.  No quería bañarse y  casi no se levantaba de la cama.

En varias ocasiones Julita hizo un gran sacrificio y esperaba en la puerta de su casa para enfrentar a Mariana, discutían y la muchacha despechada siempre salía con la peor parte por lo descuidado de su aspecto, por su mala condición física y mental.  Producto de esas discusiones y su mala condición mental a la joven se le ocurrió un plan producto de una mente enferma por los celos bien fundados y de la burla que para ella significaba que su rival pasara todos los días por la puerta de su casa exhibiendo su belleza y triunfo.  El plan era macabro, siniestro, producto de una mente enferma.

Un día Julita amaneció de buen ánimo, se levantó de la cama, puso música en el radio de la casa, barrió la acera, el patio y todos los rincones de la casa.  Se bañó, se peinó y parecía alegre.  Nadie imaginaba lo que sucedería ese día.  La muchacha preparó un fogón en el fondo del patio, buscó una lata, la amarró con un cordón y la metió en la letrina sacándola casi llena de materia fecal y orine.  Luego defecó y orinó en la lata, la puso a hervir en el fogón, lo que molestó a los vecinos por el tremendo mal olor que despedía el menjunje, y allí la tuvo hirviendo por un buen rato.  Lo que la joven haría luego sorprendió a todos, nadie la creía capaz de algo tan horrible.

Mientra la lata hervía a todo vapor llegaba la hora de que Mariana pasara por la puerta de la casa de Julita.  Ésta se sentó en la puerta de su hogar, cuando vio que la joven apareció en la esquina de arriba de su calle corrió para el patio, agarró la lata con un trapo, corrió por el callejón y allí se quedó acechando por una hendija hasta que vio a la hermosa joven pasar, quien ese día lucía mas bella que nunca y olía a rosas.  Cuando la hermosa joven pasó frente al callejón Julita salió y le tiró la lata de materia fecal y orine hirviendo en la cabeza.  La joven calló al piso revolcándose de dolor y sin saber qué le había ocurrido.

Vecinos y personas que iban pasando trataban de ayudar a Marianita, pero no sabían cómo, no se atrevían a tocarla por la pestilencia que despedía la piel quemada con la materia fecal y orine caliente.  Pasó una camioneta y alguien la detuvo, subieron la muchacha y la llevaron al hospital.   Allí la atendieron como pudieron, la limpiaron, pero su condición era muy grave.  Al otro día los doctores le dijeron a sus familiares que tenían que llevarla a la capital porque su condición era sumamente grave; la infección en la piel era terrible y los análisis indicaban una septicemia.  La pobre muchacha se estaba pudriendo viva.

Ese mismo día salieron en una ambulancia con Marianita para la capital y no se volvió a saber de ella jamás.  Sus familiares ni los del novio pusieron querella en la policía, nadie investigó ni averiguó nada, todos estaban sorprendidos con esa actitud, solo el novio fue donde Julita un día y le dijo estas palabras:  -"Te pesará para toda la vida lo que le hiciste a Marinaita"-.  Eso fue todo, no hubo reclamos ni pleitos, ni querellas.  Luego de eso no hubo ningún contacto entre las familias.  Julita, luego de su venganza, siguió su vida más o menos normal.

Un viernes trece Julita se levantó alegre, puso música en el tocadisco de la casa y empezó a limpiar.  Barría y bailaba, ya hacía un tiempo que había ocurrido la desgracia, ella y su familia creían que eso se había olvidado.  La muchacha terminó de limpiar la casa y salió al patio ha barrer, cuando  hacía eso y se disponía a recoger la basura encontró un periódico envuelto como un sobre, la joven sin pensarlo abrió el papel, cuando lo rompió del mismo salió una nube de un polvo hediondo que le cubrió los brazos y el rostro, la muchacha corrió a lavarse la cara y las extremidades superiores, pero ya el daño estaba hecho.  En la tarde de ese día la joven estaba sentaba en la cocina junto a su madre a quien le manifestó que no se sentía bien.

Julita le dijo a su mamá que le dolían los brazos y la cabeza, se sentía mareada y que no tenía hambre, pero no dijo nada del sobre con el polvo misterioso que había encontrado ese día en el patio.  Esa noche la joven se fue a dormir, tuvo terribles pesadillas, pegaba unos gritos que se oían en todo el barrio.  Desde ese día todo cambió.  Al otro día la joven amaneció quejándose de dolor de cabeza y en las extremidades superiores, decía que no veía bien y que un demonio había entrado en su cuerpo.  Desde ese día todo cambió radicalmente para Julita y su familia.

Un demonio parecía haberse metió en el cuerpo de la joven y en su casa.  Jamás pudieron vivir en paz.  Julita perdió el juicio, hasta el extremo que se comía sus propios excrementos, agredía a sus familiares y a todo el que se le acercara, tuvieron que hacerle un cuarto en el patio y amarrarla.  En la casa cocinaban y cuando servían la comida aparecía con arena y nadie podía comerla.  Se iniciaban fuegos en la casa y nadie sabía cómo.  No podían dormir.  En el patio julita vociferaba toda clase de malas palabras y blasfemias.  A alguien se le ocurrió llevar un sacerdote a la casa para exorcizar a la muchacha, cuando éste oraba y tiraba agua bendita a la joven una bota vieja que estaba tirada en el patio voló por los aires y le tumbó dos dientes al cura, tuvieron que correr con él para el hospital,  donde le dieron doce puntos de sutura en el labio inferior.

Pasó el tiempo y a Julita la tenían en el patio como a un animal, se fue desmejorando y se puso irreconocible, parecía un cadáver, estaba horriblemente fea.  Sus padres le buscaron psiquiatras, brujos y no valía nada.  Sus parientes la veían y le pedían a Dios que se la llevara al otro mundo para que no siguiera sufriendo.  Los días fueron pasando y a la joven se le olvidó hasta comer, se puso seca como un bacalao y un día la encontraron "muerta".  Lo grande del caso es que los familiares la bañaron, le pusieron ropa limpia y la velaron en la casa, la muerta nunca se puso fría y sudaba. Dicen que hasta una lagrima le salió por un ojo.  La velaron por dos días y no hedía, llevaron a un doctor quien certificó que la muerta no tenía pulso y la enterraron.  La sepultaron a pesar de que algunos familiares creían que la joven todavía estaba viva

Dice la gente que a Julita le hicieron una brujería en Haití y que por eso no hedía luego de tener un par de días "muerta", sudaba y hasta lagrima botó de uno de sus ojos.  Algunos no creían en eso, pero otros lo creían firmemente.  Cuentan que unos años después del deceso de la joven fue una haitiana a la casa de sus padres ha vender productos de la tierra, la mujer era vendedora ambulante, y vio un retrato de la muchacha que estaba en la sala, al ver la foto la mujer se puso mala y lloraba sin parar, cuando la atendieron y lograron que hablara, ésta dijo:  -"A esa mujé yo vi en Haití, en puelta de cementelio pidiendo limona, a ella vendielon en Alcajé".  Luego de eso la haitiana salió de la casa y no la volvieron a ver jamás.  Unos días después los familiares de Julita fueron al cementerio, abrieron su tumba y se llevaron la sorpresa de sus vidas:  La "muerta" no estaba en la caja.
¡¡¡LA VERDAD SIN INSULTOS!!!
(HRCV)

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4 comentarios for this post

  1. Hector la cosa va en serio, esa narracion es propia de un maestro de las letras, en verdad lo disfrute mucho y te felicito pues quedo de maravilas.

  2. Gracias Juanml, lo grande del caso y sin jactancia, es que estas historias las escribo como en una hora antes de publicarlas. Hasta yo me asombro en ocasiones. Que bueno esta también te agradó.
    Un abrazo y que Dios te bendiga.

  3. Escribe un libro de cuentos y leyendas de barahona.seria genial.

  4. Yesica, estoy estudiando esa posibilidad, gracias pr el concejo.
    Un abrazo y que Dios te bendiga.

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