Mi paso por la Academia Militar de West Point forjó mi carácter para toda la vida

By El Barahonero miércoles, 24 de mayo de 2017 0 comments
Llegué a la Academia Militar de West Point, en New York, a mediado de los años ochenta, allí entré a trabajar como empleado civil.  Durante los años que trabajé en ese prestigioso lugar forjaron el carácter y disciplina que tengo, lo que me ha servido para ser un hombre de bien hasta hoy y por siempre.

West Point es una universidad militar donde se forjan los mejores militares de Estados Unidos de América y del mundo, no hay nada que se compare con esa academia.  Ese lugar es una ciudad con calles, hoteles, restaurantes, iglesias, policías militares, Etc.  En esa ciudad solo pueden vivir los estudiantes militares y profesores.

Cuando entré a trabajar allí era una persona normal, común y corriente, pero cuando me empezaron a tratar con la disciplina militar, como trataban a los estudiantes y empleados civiles que laborábamos en el lugar, me forjaron el carácter y me convirtieron en el hombre indomable e incorruptible que soy hoy.

Son muchas las personas que me conocen desde niño que me han preguntado qué me pasó que no hay quien me doble, que me han ofrecido de todo y los he rechazado; han usado familiares y amigos para ofrecerme cosas para que cambie mi actitud y a todos los he rechazado, ahora saben de donde viene ese coraje y fuerza de carácter.

En West Point aprendí que los hombres no se venden, que lo más importante de un ser humano no es el dinero, sino el buen carácter y su capacidad de darlo todo por la Patria, por nuestros semejantes, especialmente los que menos pueden, los que no tienen cómo defenderse.

Un día llegué a mi trabajo en la academia y encontré una gorra militar en el piso, frente a mi armario, con una insignia de sargento mayor, ya para ese tiempo tenía varios años trabajando allí, la tomé y me dirigí al Comando Central para devolverla, me atendió un capitán, le extendí la gorra para entregársela luego de explicarle en las circunstancia que la encontré, él me miró y con una sonrisa en sus labios me dijo:  -"Eso es suyo, consérvela, usted la merece por su servicio, disciplina y don de gente". 

No hice preguntas, solo me la puse y hasta el día de hoy siempre he usado alguna insignia del glorioso Ejército de los Estados Unidos de América.  Luego de eso sucedieron otros eventos que me llevaron a ser el hombre que soy hoy:  Honesto, incorruptible, buen ciudadano y con un valor fuera de dudas.  Por esto que les cuento es mi agradecimiento con los Estados Unidos de América. 

West Point fue una escuela magnifica para mí, aunque no fui estudiante, el lugar es tan excelente que hasta a los empleados los forman militarmente.  Espero que ahora comprendan de dónde vengo.  ¡Qué viva West Point y qué vivan los Estados Unidos de América!
 ¡¡¡LA VERDAD SIN INSULTOS!!!
(HRCV) Sharing is sexy

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