By El Barahonero
domingo, 20 de febrero de 2022
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Puede que en la distancia se nos salobre el alma. Puede que en las laderas de mares y de palmas se nos renueve el ente y la mirada que quedó congelada al punto de partida. Puede que seamos nostalgia, arena, viento solaz o vida repetida en la memoria nunca ida. Puede que el sol nos tibie o nos abrace o simplemente nos despierte párvulos, nos pincele con pubertos idilios y nos duerma con crepúsculos tiernos de inolvidable entorno. Puede que los recuerdos nos sean ya insípidos ante el peso del tiempo. Puede, que, sin darnos cuenta, tras los largos inviernos, a fuerza de los fríos nos quedemos sin bríos y empecemos, también sin darnos cuenta, a sentir la desapasión de la memoria.
Empero, hay días, no sé… tal vez como éste, en los que aflora el reuma de otros tantos ya idos y los huesos bostezan calendarios marchitos. He aquí que somos el aliento infinito que anhela, clama y sueña el sueño del retorno. (Tal vez alucinemos eso, en el último instante). Sin embargo, frente al espejo del tiempo se enraízan y se ensanchan las primeras raíces. No es negación. No. No claudican jamás valores y principios encunados en el génesis único de los días primeros. Solo que hay gestación. Hay nuevos partos asumidos en las lides de este nuevo suelo al que entregamos afanes, sentires y desvelos. Somos esa cadena alerta del devenir que trasplanta y transforma la vida que trajimos en vidas florecidas… Firmes alerces somos que ebullen del reto a la esperanza. Y en la extraña maraña que intenta corroernos, a fuerza de firmeza navegamos enteros sobre mares abiertos con faros definidos hacia otros horizontes.
Gélido o calcinante, el marco poco importa. Importa este saberse íntegro ante el espejo que espeja la certeza del ser, ante el juicio infalible de medular mirada.
-Juan Matos-
LABRADOR DE PALABRAS -Pg 89
2021 -Editorial Santuario -Santo Domingo, RD
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