La historia de Marcos Chuleta y José el Visco

By El Barahonero jueves, 7 de agosto de 2008 1 comment


Marcos Chuleta era un vacano de mi pueblo, todas las mujeres querían con él y algunos hombres también. Ese tigre era un vive bien. Era pobre, pero vivía del cuento, el vivía de sus atributos sexuales; él era un chulo de barrio. Un día llegó al pueblo un jodedor dominican-york que lo conocía desde pequeño y les lavó el celebro a Marcos Chuleta, y a su mejor amigo José el Visco. El jodedor para donde quiera que iba se llevaba a los dos muchachos, si el comía langosta los muchachos también, si el fumaba ellos también, los tres comían del mismo plato. El dominican-york les contaba las historias más sensacionales, les decía que en Nueva York el dinero se encontraba tirado por todos lados, que cualquiera te regalaba un carro y que la gente se hacia rico de un día para el otro, el tipo los convenció de que si ellos llegaban a Nueva York y trabajaban para él se volverían ricos en un par de meses. Les dijo que si lograban llegar al país del norte el los acogería en su casa como si fueran sus hermanos.

Un día, Marcos Chuleta, José el Visco y Manuel el Loco se subieron a un barco que cargaba azúcar en el muelle del pueblo, se subieron en calidad de polizontes y partieron con destino a Nueva York. Según cuentan, estos tres marineros por necesidad pasaron más trabajo que una jaiba sin patas en la travesía, que según ellos creían, los llevaría al paraíso terrenal. Después de unos cuantos días y de mil penurias, llegaron a Nueva York y entrando al muelle tomaron la decisión de lanzarse al agua, por que les habían dicho que si se quedaban en el barco cuando este entrara al muelle los podían atrapar cuando los miembros de la aduana norteamericana registraran el barco. Además, la tranquilidad que aparentaba el agua los engañó, ellos no sabían que en esa parte desembocan el río Hudson, el Harlem y el East, formándose una corriente infernal.

Después de batallar por un largo rato, Marcos Chuleta y José el Visco lograron llegar a la orilla, Manuel el Loco desapareció en las turbias agua, perdió la vida tratando de conseguir el ¨sueño americano¨. Los muchachos pisaron tierra americana y se convirtieron inmediatamente en residentes ilegales de los Estados Unidos de América. Los dos amigos sacaron ropa que tenían en un par de fundas plástica y se cambiaron, luego salieron a una avenida donde encontraron un teléfono publico y llamaron a su amigo el ¨jodedor¨ quien los recogió en unos 45 minutos. El hombre conducía un carro de lujo último modelo. El amigo reclutador los condujo a su apartamento en Manhattan, en donde vivía con todos los lujos que se pueden imaginar, cuando los muchachos vieron eso, comentaron entre ellos, llegamos al paraíso. Que equivocados estaban.

El amigo les preparó algo de comer, un par de panes con jamón y queso, que los muchachos comieron en un dos por tres y luego les facilito un par de vasos de jugo de naranjas, a los jóvenes eso les supo a gloria. Luego sin más preámbulos los condujo a una habitación vacía, les dio una sabana a cada uno y les dijo: Tirense ahí en el piso, que mañana los llevo a un sitio para que alquilen una habitación.

Cuando despertaron, a eso de las dos de la tarde, el amigo los llevó a un edificio que estaba cerca de donde el tenía el ¨punto¨. El super del edificio alquilaba habitaciones en el sótano, los cuartos eran pequeños, con poca ventilacion y siempre había una incomoda humedad en el ambiente. Los muchachos se sintieron incómodos con el ambiente de la cuartería, por que en la República, aunque ellos eran pobres, vivían con cierta comodidad, pero no había para donde correr, ya estaban en los USA y había que tirar pa'lante.

El amigo reclutador le pagó al super docientos dolares por cada uno, cien por la primera semana de alquiler y una semana de deposito. Marcos Chuleta y José el Visco se sentaron en la cama, el amigo jodedor se quedó de pie, se llevó el puño de la mano derecha a la boca simulando que tocía y empezó un discurso que se veía a leguas que no era el primero: Bueno muchachos, ya ustedes están en los nuevayores aquí nada es gratis, ustedes vieron que yo le dí cuatrocientos dolares al super para pagar esta vaina, desde hoy ustedes empiezan a trabajar en mi ¨punto¨, desde hoy ustedes hacen lo que yo les diga, si yo les digo que brinquen ustedes brincan, si les digo que maten ustedes matan, el que se pase de la raya y no haga lo que yo diga me lo lambo. Aquí las ordenes no se discuten, aquí es sí ó sí. Mi negocio son las drogas, para mi eso es lo primero, nosotros nos conocemos desde chiquitos en la República pero eso aquí no cuenta, el que brega bien, progresa y el que brega mal, se jode. Si macaste la bala es pa'l hoyo que vas derechito y sin arruga.

Desde hoy ustedes me pertenecen. desde hoy les pagaré trecientos dolares semanal, como me deben docientos cada uno, de los cuatrocientos que le dí al super para el alquiler de sus habitaciones, les voy a sacar de sus sueldos cien semanal para cobrarme mi dinero, recuerden lo que les dije que aquí nada es de gratis. Para que ustedes vean que yo soy buena gente con los panas les voy a prestar cien dolares más para que se compren una ropita y lo que necesiten para que se den un baño, por que la verdad es que ya ustedes hieden a diablo cojuelo cabraleño. Luego del discurso, y de poner las cosas claras salieron a la calle; el jefe los llevó a la esquina donde el tenía su ¨negocio¨, les presentó a los demás ¨trabajadores¨ y sin perder tiempo le dijo a uno de sus subordinados: ¡Guachupita llevame a estos dos a la tienda para que se compren par de vaina, no me ronque y ven rápido que tú sabe que hay mucho trabajo que hacer!, y así fue, fueron a la tienda compraron lo necesario y regresaron en lo que canta un gallo.

Los tigres, al regresar se dirigieron a sus cuartos a darse un baño para quitarse el sogodó que traían, tuvieron que hacer turno para bañarse, ya que solo había un baño para siete personas que vivían en el sótano. Luego de darce un buen baño y ponerse ropa los muchachos se sentaron en la cama de José el Visco y Marcos Chuleta le dijo a su amigo, ¡coño!, mi hermano, ese hombre no era así cuando iba a la República, el era jevi con nosotros y nos daba de todo, cuarto, mujeres, bebida, droga y ahora mira con lo que nos sale. ¡Diablo!, la verdad que no se puede creer en gente. Pero na vamos para la calle a ver que es lo que hay. Los muchachos se dirigieron al ¨punto¨que estaba en el mismo bloque donde ellos vivían y ahí empezó su carrera en el mundo de las drogas en la gran manzana.

Marcos Chuleta y José el Visco cumplieron dos años trabajando para su ¨amigo¨el jodedor, se pasaban el día y la noche distribuyendo drogas, ya ganaban 500 dolares a la semana, la policía los había arrestado unas cuantas veces y otras tantas los había corrido, al que nunca se llevaban era al ¨jefe¨, el nunca daba la cara, los pendejos eran ellos. Con la diferencia que el ¨jefe¨ganaba cientos de miles, casi sin correr ningún riesgo. Ya los muchachos tenían par de muertos en las costillas, muertes ordenadas por el ¨jefe¨.

Los muchachos no estaban conforme con el trato que les daba el ¨patrón¨ y el gusano de la ambición los estaba corroyendo desde hacia tiempo. En varias conversaciones que habían tenido Marcos le dijo a José que tenían que hacer algo para mejorar su situación.

El destino o quizás el mismo satanás les tenía una agradable sorpresa que les facilitaría sus planes de mejorar su situación.

El ¨jefe¨, los mandó a buscar ese día como a las dos de la tarde, era martes, les comunicó que tenia que ir a Santo Domingo a resolver un par de problemas que tenia con la compra de unas propiedades y que aprovecharía para pasarse unos días de vacaciones, los muchachos se miraron y pensaron que esa era su oportunidad. El ¨patrón¨ les tenía una sorpresa mejor, les dijo que Marcos se quedaría a cargo del ¨negocio¨y que ganaría mil quinientos dolares semanales por el tiempo que él estuviera en la República. El ¨jefe¨les dijo: Ya ustedes saben como camina esto, el que masca la bala se jode. No hay que hablar de amores, el sábado yo arranco y vuelvo en dos semanas.

Marcos Chuleta y José el Visco al salir del lujoso apartamento del ¨jefe¨ se abrazaron en silencio y salieron a la calle felices de que muy pronto dejarían de ser peones a sueldo para convertirse en dueños y señores del prospero negocio. Cuando se presentara la oportunidad ellos se quedarían con el negocio, todavía no tenían un plan, pero todo era cosa de tiempo.

El sábado llegó y el ¨jefe¨reunió a todos los ¨empleados¨ para darles las últimas recomendaciones. Empezó diciéndoles, miren: Desde hoy, hasta que yo regrese de Santo Domingo, Marcos Chuleta va a ser el ¨jefe¨; lo que el diga es como si fuera yo, el que no le obedezca sabe lo que le espera, yo regreso en dos semanas, ponganse pa'lo de ustedes pa'que no se jodan. Así era el ¨jefe¨,nunca les hablaba sin amenazarlos, esa era su política de negocio.

El ¨jefe¨, se fue a la República y los muchachos se hicieron cargo de todo, el trato para con los empleados cambió de forma radical, los muchachos trabajaban más a gusto bajo las ordenes de Marcos, las ventas se multiplicaron en apenas cinco días. El colombiano suplidor estaba felíz con los resultados que estaban teniendo los muchachos, sus ganancias también se multiplicaron. A los siete días de la partida del ¨jefe¨a Santo Domingo el Colombiano les sugirió a los muchachos que se quedaran con el negocio, que el los apoyaría. Los tigres no podían correr con mejor suerte, todo estaba saliendo a pedir de boca. A los diez días de la partida del ¨jefe¨ Marcos y José fueron a entregarle un dinero al colombiano, él estaba felíz, el dinero se había triplicado, los muchachos le dijeron que lo habían pensado bien y que querían deshacerse del ¨jefe¨, pero que no sabían como, el colombiano les dijo, dejenme eso a mí que yo resuelvo, recuerden que lo que aquí se habla aquí se queda, si uno de ustedes dice algo nos jodemos todos.

Al otro día el ¨jefe¨abusador y explotador murió en un atraco en Santo Domingo, la policía dominicana está investigando el hecho, pero; no hay detenidos. Los muchachos no podían creerlo, los demás empleados del difunto estaban felices pues ahora tenían un nuevo ¨jefe¨que los trataba mil veces mejor. Hasta la familia del ¨jefe¨en Santo Domingo se quedó conforme, ya que empezaron a disfrutar de los vienes del difunto sin tener que rendirle cuentas a nadie, cosa que no podían hacer cuando su pariente estaba vivo. Nada más cierto el dicho que reza: ¨Nadie sabe para quien trabaja¨.

Marcos Chuleta y José el Visco se hicieron socios, el dinero les entraba por sacos. Marcos era la cabeza del negocio, siempre la última palabra la tenía él. Empezaron a disfrutar de la buena vida, carros lujosos, apartamentos amueblados con los electrodomésticos mas modernos y costosos, las mujeres más bellas se les tiraban a los pies, las drogas corrían como ríos inagotables. Los muchachos estaban disfrutando de todo lo que habían soñado y algo más.

Un día José el Visco, que ya no era visco, no se sabe si se operó el ojo malo o si su estrabismo era producto de la olla que el pasaba en su país, conoció una muchacha bellisima que lo volvió loco desde el primer día que la vio. Desde ese día empezaron los problemas entre los amigos y socios. La joven empezó a meterle cizaña a José, le decía: -¿Por qué Marcos es el ¨jefe¨?, si ustedes son socios, de seguro el gana más que tú. La bella joven insistió tanto que termino convenciendo a José. Los amigos empezaron a discutir por el control del dinero y el negocio. Una mujer y la ambición dividieron a los que fueron buenos amigos, de forma tal, que ya casi ni se dirigían la palabra. Un día se enfrascaron en una discusión y José sin pensarlo dos veces saco una pistola y mató a su amigo y hermano. La policía atrapó a José al día siguiente, dicen las malas lenguas que fue la novia que lo delató para quedarse con un dinero largo que ella le guardaba.

Al pobre José se le enderezó el ojo, pero se le torció la vida. Lo juzgaron por cometer asesinato en una transacción de droga y lo condenaron a 99 años de cárcel. Hoy purga condena en una cárcel de la parte alta del estado de Nueva York. La novia lo visitó dos veces y desapareció con el dinero que dicen le tenia guardado. Nadie volvió a saber de ella y como los amigos de los narcotraficantes son amigos de la droga y no del hombre, nadie se acuerda de José el Visco.

Joven dominicano: Si tienes la suerte de llegar a los Estados Unidos de América ponte a estudiar y ponte a trabajar, por que si te metes al mundo de las drogas estas te pueden aniquilar.


Esta historia es producto de la imaginación del escritor, cualquier similitud con hechos de la vida real es pura coincidencia.
¡¡¡LA VERDAD SIN INSULTOS!!!
(HRCV)

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1 comentarios for this post

  1. Hola Barahoneros todos! esta es una maravillosa historia que aunque fisticia, como declara su creador, es la mas simple expresion de la verdad de la vida que se puede vivir en los estados unidos de america, me llena de agrado el mensaje del escritor, quien como yo, ha vivido por muchos anos en este pais, y hemos visto y escuchados mas de mil historias de jovenes de nuestra isla, y muy particularmente de nuestra ciudad de Barahona, lansarse en una aventura en vusca de bienes y riquezas, que nunca pueden alcanzar, por estar viviendo un sueno que se torna en pesadilla. mis felicitaciones al buen sentido del humor del escritor EL BARAHONERO, pues este escrito' esta muy bien presentado, y goza de mi simpatia, esperamos en el futuro poder recibir mas entregas de este corte literario, con agrado, Pepito Barahona.

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